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La revolución de mayo de 1810

se concretó en medio de la disputa internacional, entre Francia y España e Inglaterra por el control del mundo. Carlos IV y su hijo Fernando VII eran prisioneros de Napoleón Bonaparte; los españoles resistían la ocupación francesa de su territorio, y los ingleses agrandaban posiciones de ultramar mientras lidiaban con los que querían ser libres en el norte americano.

Nuestro sur,

embravecido y organizado tras la recuperación y defensa de las invasiones inglesas, sumado a los levantamientos originarios y criollos de La Paz y Chuquisaca, aprovechó las disputas entre los imperios opresores para lanzarse a la guerra de su propia independencia.

La invasión de la corona española

en América tuvo como característica la explotación y el abuso de las personas y de los recursos. Muerte y saqueo, le daba vida y poder al imperio español. Con los siglos, todos, en mayor o menor medida, sufrían la opresión colonial. Hombres y mujeres, sean criollos, originarios, esclavos, negros o mestizos, trabajaban en su tierra hasta perder la vida, viendo alejarse los barcos en que robaban sus riquezas.

La posibilidad de pelear por los suyos y de vencer fue lo que condujo a José de San Martín a volver a su tierra. Matar o morir por libertad de las Provincias Unidas era posible, mientras los sometidos se levanten, y los opresores se peleen entre ellos. Sólo faltaba un ejército regular. Nada más triste para un patriota que verse envuelto en la peor de las guerras, la guerra imperial ajena para definir quién será el nuevo regente del mundo.

San Martín y los revolucionarios,

enfrentaron en principio al imperio español, y luego a estos unidos a los ingleses. Desafiaron y vencieron al ejército y la flota más grande y más poderosa de su momento.

Hacia 1813

ya existía un gobierno autónomo. En marzo del año anterior, el Cnel. José de San Martín se encomendó a la creación de un cuerpo profesional. Muchos no tenían instrucción militar alguna, otros ya habían defendido con las armas a Buenos Aires para echar a los ingleses. Nacía un cuerpo de elite creado y adiestrado para la emancipación, cañones, sables y fusibles apuntaban certeros, contra un mismo blanco: el colonialismo.

San Martín

supo revalorizarles el amor a la Patria por la que luchaban. Entrenaron, no sólo sus habilidades para el combate, disciplinaron también su coraje, su entrega sin miramientos, la defensa de los justos, el desprecio al opresor.

Fueron el cuerpo armado fundamental para lograr la Independencia de la América del Sur.

El 3 de febrero de 1813

fue su bautismo de fuego. Los invasores subían las barrancas del Paraná en dos columnas. Los nuestros los estaban esperando. Divididos también en dos columnas escondidas detrás del convento, cargaron desde cada lado del edificio.

Durante la primera carga

el caballo de San Martín es derribado, trabando la pierna del Cnel. El Granadero Baigorria lancea al realista que buscaba herirlo y es un soldado correntino, Juan Bautista Cabral, quien levantó con sus manos al caballo, permitiendo a su jefe reincorporarse.

Tras la segunda carga,

los españoles no pudieron hacer más que replegarse y lanzarse desde la barranca en busca de sus barcos. La victoria patriota fue contundente.

Había escarmentado el enemigo.

Para poder defender una Nación,

hace falta el mayor de los esfuerzos. A los soldados, les dio entrenamiento, salud, estudio, equipamiento y cuidado. Al pueblo se le otorgó la más amplia democracia, abolición de la esclavitud, extinción de los títulos de nobleza, desarrollo económico, industria, educación, ciencia y seguridad alimentaria. Solo así fue posible defender este suelo.

El río fue testigo de que lo cumplieron.

Pero por ese río por el que huyeron los realistas, hoy reina soberano el capital extranjero, minado de grandes exportadores internacionales que se llevan nuestra riqueza primaria. La barranca no es paisaje ni es del pueblo. El viejo saqueo, los puertos que son de otros, y mismo el barco que se aleja.

En tiempos de disputa

interimperialista, todo recurso es un arma. O los recursos de los argentinos son para los argentinos o son botín del extranjero.

Nuestra Patria

es la vida y la sangre del Sargento Cabral muerto tras la batalla. Es Hipólito Bouchard apropiándose de la bandera invasora para luego desafiar, recuperar y cuidar los mares americanos. Es el Fray Luis Beltrán y sus fabricaciones militares, es la industria cuyana cruzando los Andes; es la ciencia y la pólvora del Mayor Ing. Álvarez Condarco, son los uniformes hechos en la patria, los ponchos cordobeses, los caballos nativos, las fragatas del Alte Brown, acondicionadas en astilleros y armadores nacionales.

El filo de los sables

fue templado en fuego argentino. Las órdenes del general, fueron dadas en castellano. A degüello gritó. Y se escuchó en guaraní, en quechua y en aymara.

Libertad

es dominar y defender lo propio y no entregarlo, sin control ni regla alguna al extranjero. Falsa libertad esa de someterse, falsa libertad la que se arrodillada ante el mercado. Libres, es ser libres de usurpación, de saqueo, de imperialismos. Libres de absolutismo y de caprichos individuales y foraños. Malvinas libres de ingleses, el suelo libre del sur.

Libres para defendernos.

Defender la integridad territorial mediante el control de la tenencia de la tierra en manos extranjeras. Defender las fronteras cual paso cordillerano, Defender el mar, la marina mercante, la pesca, el hielo; defender el cielo, saber quién entra y quien sale, defender a su gente.

Mientras los granaderos

peleaban en San Lorenzo, la Asamblea del año 13 cantaba el himno y acuñaba moneda propia. Que vergüenza la entrega total de las finanzas y de la moneda. Mandar a archivar a San Martin y poner en su lugar un billete extranjero. Deshonra de convertir nuestra casa en sueño del imperio y del narcotráfico, en donde abunden supuestos dólares que no tienen ni siquiera la foto del libertador en sus billetes.

Los granaderos

pelearon por un destino. Tenemos la tarea de honrar sus sacrificios y luchar por un pueblo independiente y soberano, como nuestros

HÉROES DE MALVINAS

, como los tripulantes del ARA San Juan, defender los intereses más sencillos de nuestro pueblo, donde la tierra sea nuestra, las finanzas sean del pueblo, los recursos sean para la defensa.

Insumisos para el de afuera y soberanos en nuestro suelo.

En San Lorenzo, como los Andes, en la Antártida y en la puna flameó una bandera hecha, cosida y bordada en Argentina.

La libertad

es gratis ni la justicia es regalo. A la independencia se la consigue luchando. La nuestra nació hermanada. En cada hombre un soldado, en cada hierro una bala, con el carbón de su pueblo, con azufre originario, con mujeres liberadas y la Gloria como emblema, protestó San Martin su gratitud eterna.

¡Que sean libres los del Sur! Su historia es la Patria misma.

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